SEMBLANZAS DE UN PUEBLO INQUIETO
Si se viene de Irapuato, al llegar a al
kilómetro 50, toma la desviación a la derecha y en 3
minutos está usted en Pénjamo, pero si viene de La
Piedad, como kilómetro y medio de Churipitzeo toma la
desviación a la derecha y esta usted en nuestra bella ciudad.
Su nombre proviene de viejo
vocablo purepecha "Penlamu" que significa sabinera o lugar de sabinos.
Pénjamo era un poblado Tarasco en el cual vivían los
nativos en paz, dedicados a la agricultura y a la caza. Quienes
vinieron a turbar la tranquilidad reinante fuero los Chichimecas. Eran
estos últimos, unos depredadores, astutos, ágiles,
belicosos. Desde que se establecieron por aquí, terminó
la era pacífica de los Purépechas.
Nuestra ciudad cuenta con un
clima agradable todo el año. Desde luego que en los meses de
abril, mayo y junio es caluroso. Estamos a 1,714.20 m. sobre el nivel
del mar y tenemos la mejor agua potable del estado. No solo la
más pura, sino también la más sabrosa. En el
crisol Pénjamense se unieron 3 pueblos, el Purépecha,
Guachichil y el hispano, dando como resultado un mestizaje
particularmente atractivo, no solo por el carácter de sus
pobladores, sino por la extraordinaria belleza de mis paisanas.
Pocos municipios de Guanajuato
gozan de tantos encantos naturales como el de Pénjamo. En
efecto, en la temporada de lluvias, subir a la sierra que está
al norte de la cabecera municipal, es como hacer un paseo por jardines
naturales de extraordinaria belleza. Una cosa importante de esta zona,
es ver que aún hay bastantes plantas medicinales y
también frutillas naturales. La fauna de ésta
región ha venido a menos, antes había cantidad de lobos,
coyotes, zorras, tigrillos, venados, mapaches, onzas, guajolotes,
ardillas, armadillos y gran variedad de aves. Ahora lamentablemente,
hay pocas especies, el depredador número uno: el hombre, las ha
venido extinguiendo. Ahora bien, si en lugar de trepar al cerro
caminamos hacia el sur de la ciudad de Pénjamo, nos encontramos
con un extenso valle agrícola, de terrenos de tal calidad, que
nos atrevemos a decir que son de los más fértiles de
nuestra extensa patria. Este terreno da de todo: maíz, sorgo,
trigo, avena, fríjol, verduras, alfafa, pepino, calabacita,
sandías, melones, etc.
Donde se unen éstas dos
zonas corre el río de Pénjamo, en cuya ribera abundan las
huertas, sobre todo las limas, guayabas, mangos, nísperos,
aguacates y una fruta excelente, de calidad, sabrosa y olorosa que es
la chirimoya.
Viendo pues la belleza de
nuestra tierra y los espléndidos productos de primera calidad,
que la misma nos brinda, se antoja pensar, ¿cómo
sería Pénjamo en el pasado?¿,
¿Quiénes lo poblaron y de que vivían?. Estudiando
estos temas, he sabido que en la época precolombina sus bosques
eran mas poblados, las aguas más abundantes, al igual que la
fauna. ¿De dónde vinieron los primeros pobladores de
Pénjamo?.
A medida que avanzaron hacia
el sur, se fueron desprendiendo de los Chichimecas contingentes que
fueron poblando diferentes regiones. Generalmente se separaban gentes a
quienes unían lazos de sangre o amistad. Así lo hicieron
los Zacatecos, los Otomíes, los Pames, los Guares, los Guamares,
etc.
En el área en que quedo
comprendida nuestra ciudad, se asentaron los Guachichiles, pero antes
esta zona había albergado grupos humanos de nómadas
semi-sedentarios en el siglo IV y V de la era cristiana. Se han
encontrado piezas arqueológicas que lo confirman. Aunque decir
asentamiento humano es mucho, porque los Guachichiles eran
semi-nómadas y fue hasta poco antes de la conquista cuando
realmente se establecieron en esta región. En el transcurso del
tiempo, los Guachichiles fueron adquiriendo características
propias que los diferenciaban de otros pueblos: eran lampiños no
tenían barba ni bigote; eran valientes hasta la temeridad.
Prueba de ello es que los poderosos tarascos jamás los
sometieron: eran nudistas y solo las mujeres usaban una pequeña
falda de la cintura a la rodilla, eran antropófagos,
comían cuando las necesidades lo exigían, carne humana:
no rendían culto a ninguna deidad, es decir no tenían
dioses ni religión. Lo único que les merecía
cierto respecto, y eso sólo a los llamados hechiceros era el
Sol, consideraban estos últimos que los eclipses eran luchas del
sol contra su enemigo: las tinieblas, a quienes siempre vencían,
pero esto sólo lo entendían así los viejos
hechiceros, lo digo de nuevo. Tenían un lenguaje muy
difícil.
Usaban los nativos de "La
Sabinera", el pelo largo hasta los hombros, ceñían su
cabeza con un listón, casi siempre rojo, habitualmente
andaban desnudos y cuando iban al combate se teñían la
cara y el pelo de rojo con el fin de provocar pavor a sus enemigos. Las
flechas las elaboraban de madera de mezquite o de encino: Las
hacían muy agudas por uno de sus extremos, de tal forma que no
necesitaban pedernal, pues la madera de los árboles mencionados
es pesada, dura y muy resistente.
La palabra tarasco vienen de
tarascue (según Fray Joan Batista de Lagunas) que significa
yerno, aunque hay quienes sostienen que es otro su origen. A la llegada
de Hernán Cortés el 21 de abril de 1519 al continente
Americano era emperador de los mismos Tangaxoan llamado también
TZITZINCHA porque tenía una bella voz. Sus dominios
comprendían los actuales Estados de Michoacán, Sinaloa,
Nayarit, Jalisco, Colima, Guerrero y el sur de Guanajuato.
Después de la
caída de Tenochitlan y ya que el imperio azteca estaba
completamente vencido, comenzó la inmigración de
peninsulares a territorio conquistado.
Así que aparecieron en
está tierra animales no conocidos antes como bovinos, cerdos,
chivas borregos, gallinas, caballos y burros. También vinieron
personas que elaboraban cerveza y vinos: tejedores de algodón y
lana, zapateros, constructores de presas y canales: arribaron
fruticultores que establecieron plantaciones de frutas que aquí
no se conocían como la manzana, el mango, el durazno y que
integraron a demás a sus plantíos frutas nativas como el
zapote prieto, la pitaya, la fresa, el aguacate, etc.
Como he asentado líneas
atrás, la condición de los europeos era muy variada,
venia gente decente, moral, honrada, en fin de buena conducta social,
pero también arribaron aventureros, pillos, ex-presidiarios,
esclavistas y rufianes. Algunos venían hasta con su esposa y sus
hijos; otros llegaban solteros, escogían la indígena que
más les agradara y la convertían en sirvienta, en
concubina y en madre. En cierta ocasión sucedió algo
inesperado; cuando menos lo pensaban los guchichiles, se vieron
acosados por los tarascos, a quienes acompañaban unos seres
extraños que montaban un animal desconocido y que en cada trueno
que producían con unos objetos alargados, caía muerto o
herido un Guchichil.
Sucedió que los
españoles se habían unido a los tarascos y que estos los
habían acompañado hasta la frontera de sus dominios que
era ni más ni menos que "La Sabinera", donde ahora se
encontraban. No se rindieron aquellos ¡qué va!, por lo
pronto se dispersaron, pero luego se organizaron y estaban dispuestos a
presentar combate. Nueva embestida de los hispano-tarascos, nuevamente
ruidos ensordecedores, gritos, relinchos, espadazos, lanzazos,
flechazos y varias muertes por ambos lados en tan desigual combate. Se
repitieron varias veces estos choques con sangrientos resultados para
ambos lados. Sucedió varias veces que avanzando los
españoles en fila, estuviera la vereda aparentemente tranquila y
despejada y de pronto cortaban el viento 5 o más flechazos y
caían heridos 5 o más españoles o tarascos.
El primer español que
visitara el sur de lo que hoy es estado de Guanajuato, fue Don Antonio
de Carbajal y tenia por objeto ir preparando y deslindando las tierras
que serían encomendadas a diferentes capitanes. Donde hoy se
encuentra Pénjamo y una amplia región de aldeas vecinas,
le fueron encargadas a Don Juan de Villaseñor y Orozco, persona
que arribó en ésta en 1543.
Volvamos un poco atrás
en este pequeño relato y situémonos a fines de 1521, es
decir unos meses después de que terminó el sitio de
Tenochtitlan.
Cortés escucho una
relación en la que le dijeron de la existencia de una
región llamada las Hibueras, rica en oro y piedras preciosas.
Mandó a varios de sus capitanes a desplazarse hacia diferentes rumbos, habiéndole tocado lo que hoy es el estado de Michoacán a Cristóbal de Olid, quien colocó avanzadas hasta la frontera guachichil, dejando varios hombres y volviendo él con Cortés para iniciar la conquista de las Hibueras.
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